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Había una vez un partido entre dos equipos con realidades muy distintas; uno, Argentinos Juniors, llegaba puntero y casi ascendido; el otro, Independiente (Mza), casi descendido. Para ambos, el enfrentamiento significaba diferentes cosas. Para el Bicho, un paso más en su camino a la Primera División; para Independiente, la final del mundo, el partido más importante del semestre, y una de sus últimas chances para sobrevivir en la categoría.
Y así se dio el encuentro. Argentinos, sabiéndose superior, especuló con tener el control de la pelota y esperar que las situaciones se generen por desprendimiento de esa superioridad. Independiente, sabiéndose inferior, recurrió a todas las herramientas propias y accesorias que posee el futbol: fricción, juego brusco y, también, un buen planteo táctico.
Así es que los locales sorprendieron al equipo de Gabriel Heinze y en pocos minutos se pusieron al frente, el Bicho acusó (quizás muy pronto) el golpe, y comenzó a mostrar ciertas falencias en su mejor herramienta, el juego asociado.
Los minutos pasaron y ninguno salió de su papel inicial, Independiente porque logró sostenerlo y Argentinos porque no pudo cambiarlo. Tampoco le encontró la vuelta su técnico (a pesar de haber llegado al descuento) ante la presión de la Lepra mendocina. A ésto se le sumó un nuevo mal arbitraje, habitual en esta categoría, pero no por eso menos deplorable; en esta ocasión, por parte de Hernán Mastrangelo.
Los puntos flojos del Bicho fueron varios, pero dentro de todos, Iván Colman y su pobre actuación fue el que más resaltó en esta faceta negativa de un equipo que en general (por ahí Javier Cabrera se salva) jugó mal.
Hoy el más débil, mal o bien, se llevó los tres puntos. Habrá que ver cómo termina la historia para los de Mendoza; lo cierto es que hoy lograron vencer al máximo candidato de la categoría que, por su parte, no logró encontrarle la vuelta a uno de los posibles descendidos.
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