Así me quiero morir

    Argentinos Juniors: Así me quiero morir

       Con el corazón en la mano, y la bronca latente de un empate que debió ser tres unidades para el escaso promedio, me dispongo a buscar las palabras más o menos correctas para expresar todo lo que siento por la situación que atraviesa Argentinos Juniors. 

       Estamos complicados. Eso lo sabemos desde Noviembre o Diciembre del año pasado. Aunque la llegada del ídolo más grande y ganador de la historia del club fue una tremenda ilusión, los resultados se encargaron de desvanecerla con brutal rapidez. La mejor noticia fue verlo al 9 de la mejor forma. Y la peor resultó darse cuenta que solo no puede, que es el Don Quijote de La Paternal, que pelea con escasos laderos contra los fuertes molinos, que se resisten y no entregan los puntos que se requieren para el (hoy) milagro de la salvación. 

       Antes de que comenzase el Torneo Final, el panorama ya era dificultoso en lo matemático. Pero los dos triunfos y cinco empates en diez fechas, acumulando sólo 11 unidades de 30 posibles, terminaron de embarrar una situación que tendrá desenlace en los próximos y breves dos meses. 

       La falta de tiempo. La falta de tiempo nos mata. No se puede armar un equipo como quiere el DT en sólo cuatro meses intensos de competición, jugando tan seguido, sin tiempo de adaptación a la vieja-nueva idea de juego. ¿Cómo hacer que 11 tipos coordinen a la perfección los relevos, la tenencia y la ofensividad, que se conozcan de memoria, frente a equipos que la mayoría de las veces tienden a cerrarse y defenderse? Ni hablar de la suerte, que no acompañó en nada al Bicho en lo que va del 2014. 

       Saquemos a los de afuera, que el dicho dice que son de palo. Algunos hinchas creen que el equipo ya está descendido. Se lo dicen a sus amigos, a sus familias, lo manifiestan en las distintas redes sociales. ¿Será así? ¿Hay que tirar la toalla antes que suene la campana? Eso no se parece en nada a la historia de Argentinos. Jamás abandonar. Jamás. Y, siempre, apostar a lo nuestro, a nuestra identidad, la que ignoramos en los últimos años, en los cuales retornamos al temido bajo promedio. No se llegó mágicamente al número rojo que nos condena a la 20ª posición de la siempre nefasta tabla, que hoy tanto nos preocupa.

       Entonces, ¿qué hacer? No hay que rendirse. No se debe dejar de esperanzarse con buscar y encontrar la vuelta, de pescar a la suerte en algún rebote que quede boyando en el área chica rival. Y si toca morir (futbolísticamente, claro está), que sea con la nuestra. Ante Belgrano, el entrenador dio nuevamente otra muestra de soberbio conocimiento de lo que es Argentinos Juniors. Alineó a los chicos de las Juveniles. Por el medio, por las bandas, luego en ataque, y en la creación de juego. Quemó las naves. Puso todo para jugar. Jugar en pos de ganar. Puede salir o no, puede entrar la pelota o no, pero el estilo, la identidad siempre van a estar. Argentinos ya se fue a la B en otras trágicas oportunidades, y no por eso dejó de ser el Semillero del Mundo, la escuela del buen fútbol. Si hay que morir, que sea así. Así me quiero morir. Mientras tanto, si los números den margen para un inesperado regreso de las victorias y los goles, seguiremos aferrados al último pedacito de ilusión que nos quede. 

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    Para Argentinos Pasión, Alejandro Giordano

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